7. Casa de rubíes.
Con algo de vergüenza comencé a hablarle del espectáculo, las dos estuvimos de acuerdo en que era precioso. La supuesta cantante escocesa tenía pinta de típica extranjera refugiada en la costa, como ésas que tantas veces nos hemos encontrado. Me dijo que se ganaba la vida escribiendo en un periódico de la provincia. “Lo siento”, contesté, “yo no leo la prensa local”. Y hablamos sobre la cultura de nuestra ciudad; “qué extraño no haberte conocido antes”. Aseguró que había pasado aquí toda su vida, yo sabía que estaba mintiendo. Quizá se diese cuenta de la situación y para evitarme me ofreció un trabajo. “Espíalos a todos”, dijo, “escribe todo cuanto ocurra bajo la luz de este lugar, y no cuentes nunca lo que hoy ha pasado aquí.” Ordenó que le enviara una fotografía y un texto de al menos doce líneas cada viernes a las cinco en punto de la tarde. No sé qué hará con ese material, porque no leo la prensa.
Al menos la he encontrado, y ahora escucho sus canciones a más volumen. “Play with me, play with me, don't you wanna come and play with me?” A veces me gustaría entrar en esos foros musicales de la red y contar mi secreto. He decidido guardarlo. Ahora paseo sola con la voz de Ruby dando vueltas en el Mp3. Me acerco a la Casa del Poeta, me quedo un rato… Puede que vaya mañana por la noche. ¿Y si de pronto el espectáculo reaparece? “I'm still running around in here.” ¿Volverá Valente a bailar a ritmo de desierto? “I'm still waiting to see.”

